Sea cual sea tu edad, sexo,
situación social o cultura, seguramente
alguna vez te preguntaste: ¿Esto que estoy viviendo es real? ¿Yo existo?
Estos planteos han ocupado la mente del hombre desde tiempos remotos y han sido tema de debate no solo en ámbitos filosóficos sino también cotidianos. El sentido común del hombre lo lleva a creer que lo real es todo lo que lo rodea. La filosofía nos invita a desconfiar de esto que nos rodea, a mirarlo desde otro punto de vista y a cuestionarlo.
El hombre percibe la realidad mediante sus cinco sentidos, mira lo que lo rodea; escucha; toca, percibe y siente, capta los aromas y los gustos de lo que la naturaleza de esa realidad le ofrece. Pero ¿Y si se nos escapan cosas que nuestros cinco sentidos no pueden captar ni percibir? ¿Y si lo que nuestros sentidos perciben no es más que una ilusión, si nada de lo que damos por cierto lo es?
Quizá estas dudas nunca lleguen a resolverse o tardemos años o siglos en hacerlo. Mientras tanto, de la mano de la Filosofía y de algunos pensadores filósofos, vamos a emprender un cuestionamiento que nos permita acercarnos a estas respuestas, o al menos, que nos ayude a pensar la realidad de otra manera.
Estos planteos han ocupado la mente del hombre desde tiempos remotos y han sido tema de debate no solo en ámbitos filosóficos sino también cotidianos. El sentido común del hombre lo lleva a creer que lo real es todo lo que lo rodea. La filosofía nos invita a desconfiar de esto que nos rodea, a mirarlo desde otro punto de vista y a cuestionarlo.
El hombre percibe la realidad mediante sus cinco sentidos, mira lo que lo rodea; escucha; toca, percibe y siente, capta los aromas y los gustos de lo que la naturaleza de esa realidad le ofrece. Pero ¿Y si se nos escapan cosas que nuestros cinco sentidos no pueden captar ni percibir? ¿Y si lo que nuestros sentidos perciben no es más que una ilusión, si nada de lo que damos por cierto lo es?
Quizá estas dudas nunca lleguen a resolverse o tardemos años o siglos en hacerlo. Mientras tanto, de la mano de la Filosofía y de algunos pensadores filósofos, vamos a emprender un cuestionamiento que nos permita acercarnos a estas respuestas, o al menos, que nos ayude a pensar la realidad de otra manera.
¿Qué es lo real?
Vamos a imaginarnos por un
segundo que estamos en un estado de sueño. Que todo lo que sucede o mejor
dicho, creemos que sucede, es producto de un largo sueño. Que nuestra propia
imaginación creó a esos personajes que llamamos “mamá”, “papá”, “amigos”; que
ninguno es real. Que cada lugar que conocemos, nuestra propia casa, parques,
escuelas, y demás, son inventos de nuestra mente. Todo lo creó nuestro cerebro,
todo eso solo ocurre en nuestra mente mientras nuestro cuerpo reposa
apaciblemente sin inmutarse.
Ahora vamos a imaginarnos que despertamos bruscamente. No comprendemos que está sucediendo, se nos ha arrancado de nuestra realidad. Nos paramos, observamos alrededor y percibimos una nueva realidad que nos resulta totalmente inverosímil e incomprensible. ¿Dónde están todos los personajes que nuestra mente había creado y que para nosotros eran reales? ¿Por qué ahora nuestro entorno es tan diferente a como lo era antes?
Si esto en verdad sucediera, seguramente creeríamos que en efecto estamos soñando, que lo anterior era real, y que esta nueva realidad es un mero sueño, una mentira. Nos negaríamos a creer que lo que ocurre es real, no comprenderíamos que sucede y nos negaríamos a aceptarlo. Probablemente nos llevaría mucho tiempo asimilar la realidad, tardaríamos en comprender que hemos estado en un estado de somnolencia y que al fin hemos despertado.
Ahora vamos a imaginarnos que despertamos bruscamente. No comprendemos que está sucediendo, se nos ha arrancado de nuestra realidad. Nos paramos, observamos alrededor y percibimos una nueva realidad que nos resulta totalmente inverosímil e incomprensible. ¿Dónde están todos los personajes que nuestra mente había creado y que para nosotros eran reales? ¿Por qué ahora nuestro entorno es tan diferente a como lo era antes?
Si esto en verdad sucediera, seguramente creeríamos que en efecto estamos soñando, que lo anterior era real, y que esta nueva realidad es un mero sueño, una mentira. Nos negaríamos a creer que lo que ocurre es real, no comprenderíamos que sucede y nos negaríamos a aceptarlo. Probablemente nos llevaría mucho tiempo asimilar la realidad, tardaríamos en comprender que hemos estado en un estado de somnolencia y que al fin hemos despertado.
La hipótesis insinuada anteriormente nos sirve
para comenzar a pensar la realidad de otra manera y cuestionarnos sobre la
veracidad de la misma.
Según Friedrich Nietzsche, no existen hechos, solo interpretaciones. Entonces podemos llegar a la conclusión de que no existe una única verdad, si no que existen un conjunto de perspectivas y subjetividades que constituyen miles de verdades individuales, o a veces, colectivas (en ámbitos culturales o en comunidades).
Pero entonces, si cada ser humano posee una verdad o realidad propia, ¿que es lo sustancialmente real? Para cuestionarnos esta pregunta, y reforzar el ejemplo citado anteriormente, podemos mencionar la “Alegoría de La Caverna”, de Platón. En ella se expone a un grupo de hombres que perciben una realidad limitada y “deformada”. Luego se nos hace pensar en qué pasaría si a uno de estos hombres se los expone a la realidad verdadera. La conclusión a la que se llega es que el descubrimiento de la nueva realidad lo cegaria y lo mantendría incrédulo, que no podría asimilarla, al menos por un tiempo determinado.
Basandonos en esto, podemos pensar que lo real para el hombre, es lo que percibe e interpreta. Recibimos estimulos audiovisuales, sensitivos y olfativos del exterior y los interpretamos y les damos un significado, y a eso lo consideramos como real.
Ahora, quizá deberíamos plantearnos si estos estimulos son en realidad reales, si en verdad los envía el exterior y no los generamos o producimos nosotros mismos.
Pero ¿cómo saber qué es real y qué no? ¿Cómo podemos conocer la verdad?
Según Friedrich Nietzsche, no existen hechos, solo interpretaciones. Entonces podemos llegar a la conclusión de que no existe una única verdad, si no que existen un conjunto de perspectivas y subjetividades que constituyen miles de verdades individuales, o a veces, colectivas (en ámbitos culturales o en comunidades).
Pero entonces, si cada ser humano posee una verdad o realidad propia, ¿que es lo sustancialmente real? Para cuestionarnos esta pregunta, y reforzar el ejemplo citado anteriormente, podemos mencionar la “Alegoría de La Caverna”, de Platón. En ella se expone a un grupo de hombres que perciben una realidad limitada y “deformada”. Luego se nos hace pensar en qué pasaría si a uno de estos hombres se los expone a la realidad verdadera. La conclusión a la que se llega es que el descubrimiento de la nueva realidad lo cegaria y lo mantendría incrédulo, que no podría asimilarla, al menos por un tiempo determinado.
Basandonos en esto, podemos pensar que lo real para el hombre, es lo que percibe e interpreta. Recibimos estimulos audiovisuales, sensitivos y olfativos del exterior y los interpretamos y les damos un significado, y a eso lo consideramos como real.
Ahora, quizá deberíamos plantearnos si estos estimulos son en realidad reales, si en verdad los envía el exterior y no los generamos o producimos nosotros mismos.
Pero ¿cómo saber qué es real y qué no? ¿Cómo podemos conocer la verdad?
Podemos decir que “las cosas no son lo que son, sino lo que nosotros somos”. Cuando alguien nos habla de lo real, en verdad está solo exponiéndonos su punto de vista, está hablando de si mismo. Porque la realidad, más allá de de ser verídica o una simple ilusión, es para nosotros una construcción de interpretaciones e ideologías.
Esto es la realidad para el hombre, esto representa lo real en su cabeza.
Si somos o no victimas de un sueño o presos de una caverna, lo sabremos el dia que nos atrevamos o estemos listos para despertar, o emprender el difícil camino que nos saque de la ilusión para llevarnos a la realidad verdadera.
Podemos llegar a la conclusión de que el ser humano es prisionero de su propia mente. Estamos llenos
de límites, de imposiciones propias, de estructuras. Hacemos mucho menos de lo que somos capaces. Si lográramos
romper las barreras, sobrepasar los límites, ignorar las normas impuestas,
seriamos completamente libres. Pero vivimos encerrados en la sociedad, y presos
de nosotros mismos.
La realidad que vivimos no
es más que una interpretacion de lo que creemos que percibimos. Pero no sabemos
si es real lo que percibimos, ni si lo interpretamos plenamente o de forma
correcta.
Estamos tan naturalizados con nuestro entorno, estamos tan seguros y satisfechos con lo que creemos real, que si existiese verdaderamente una realidad alterna, una realidad verdadera, su descubrimiento nos cegaría como si hubiésemos visto la luz luego de mucho tiempo en la oscuridad. Evitariamos mirarla, querríamos volver a la oscuridad que nos resultaba tan reconfortante, el nuevo destello nos confundiría Solo con el tiempo y progresivamente podriamos asimilar la iluminacion.
Estamos tan naturalizados con nuestro entorno, estamos tan seguros y satisfechos con lo que creemos real, que si existiese verdaderamente una realidad alterna, una realidad verdadera, su descubrimiento nos cegaría como si hubiésemos visto la luz luego de mucho tiempo en la oscuridad. Evitariamos mirarla, querríamos volver a la oscuridad que nos resultaba tan reconfortante, el nuevo destello nos confundiría Solo con el tiempo y progresivamente podriamos asimilar la iluminacion.